Saturday, October 3, 2009

Homecoming

Homecoming in a midwestern town: a parade, powderpuff football, the dance, the sacred football game, and alums returning to their high schools. I missed out on most of the festivities of the week, but made it home in time to see my sister leave for the homecoming dance. I had forgotten about the nervous tension that permeates the air when parents convene to photograph and discuss their children. The kids themselves were anxious to get the whole photo ordeal over with and get on to the dinner and dance, but the parents wanted to savor the chance to admire their children through the lenses of their cameras.

Quick! An all boys picture! The boys don't hear the demand of the eager mother and remain cemented in their positions in the corner, conversing amongst themselves. Once the troops mobilize and are arranged properly, the clamoring parents each take 4 pictures of the same arrangement. Each photo will be posted online, for a total of 40 pictures circulating of the pose. If you look closely at a photo you can see a beaming parent reflected in the embarrassed, forced smiles of each boy.

Ironically, all of the frenzy accompanying the preparation of the parade, dance, and the game detract from the true intention of homecoming. I didn't need a celebration to reassure me of the importance of home. I discovered that in preparing dinner with my mom, driving around with my family, and the welcome haven of my own room.

My sister looked incredible, for the record. I actually feared for the well-being of her date; I'm surprised he didn't drop dead at the first sight of her. Despite my cynical view on all of the orchestrations of the evening, it was special to see how excited the kids were. It wasn't that long ago that I was in their place, smiling for hours straight for photos I haven't looked at in over a year.

Thursday, October 1, 2009

En Otras Palabras...

Escribí esta composición para mi clase de escrito en español. Es muy sencillo pero divertido. ¡Disfrútala!

Tormentas, Mapaches, y Una Lección de Independencia

Mi amiga Julia subió el volumen de la radio y música alta llenó el coche. Mis amigas Cory y Meredith y yo cantábamos y bailábamos a la canción, sin sola preocupación. Dos días antes, habíamos sacado el bachillerato y sentimos invencible. El coche estaba abarrotada con equipo para nuestra viaje de acampada. La carretera abierta estiraba en frente de nosotras, y nuestra sensación de independencia daba esperanzas a nosotras. Entramos Ledges State Park, preparadas para una aventura.

No tuvimos problemas durante las horas de luz: montamos la carpa y pasamos en bicicleta. Pero nuestra actitud positiva le esfumó con el sol. Las nubes amenazaban llover y tuvimos dificultades provocando un incendio. Aunque mojamos el leño con líquido de encendedor, lo rechazó a prender. Después de una cena cocinó con una llama exigua, examiné la carpa y me di cuenta de faltábamos el parte de la carpa que proteja contra lluvia. Sin el doble techo, mojaríamos si lloviera. Mis amigas y yo esperábamos que todo fuera bien.

Más tarde, durante un juego de cartas en la carpa, mi amiga Cory me agarró y susurró, “Hay un monstruo afuera de la carpa!” Escuché y oí un sonido raro. Una criatura estaba olfateando cerca de la carpa. Cautelosamente, abrí la entrada de la carpa y grité: un par de ojos encendido miraban fijamente a mi. Imaginé un monstruo grande atacando la carpa, pero solo era un mapache. “¡Fuera!” grité. El mapache le escabulló, y regresamos a nuestra juego.

Después de calmamos, las nubes rompió y empezó a llover. En poco tiempo, el aguacero se convirtió a una tormenta. Nos apiñábamos y temblábamos a cada trueno. Tratábamos a permanecer seco, pero estaba en vano. Agua fluyó en la carpa, y nuestros sacos de dormir estaban calados. El olor de humedad impregnaba el aire, y solo podíamos tiritar de frío debajo de los sacos de dormir gruesos y mojados. Una sirena chillaba en la distancia, y ramas azotaban contra la carpa. No sentimos independiente nunca más. Solo querríamos estar con nuestros padres, en una casa cálida y segura.

Decidimos a esconder en el coche el resto del noche porque no estaba seguro a quedarnos en la carpa. Reunimos nuestras mochilas, almohadas y linternas y corrimos al coche. Había un olor de lluvia y barro, y un rayo encendió el cielo mientras corríamos. En la seguridad del coche, encendí la radio, pero ahora para escuchar a las noticias en lugar de una canción favorita. Una meteorologista describía la tormenta en una voz seria. Mientras escuchábamos al sonido de la lluvia, mi amiga Meredith dijo, “Aunque este es una experiencia desgraciada, no prefiero pasarla con nadie que ustedes.” En la mañana, llamamos nuestros padres, y conducimos a la casa de mi amiga Julia para desayunar. A pesar de nuestra desventura, aprendimos de la importancia de amistad, y que ser independiente no viene sin desafíos y responsabilidades.